Xabier Arrizabalo «Enseñanzas de la Revolución rusa»

Erabiltzailearen aurpegia
Osteguna, Urria 10, 2019 - 19:00

¿Tiene sentido estudiar la Revolución rusa hoy, en pleno siglo XXI?. Las instituciones de capital lo tiene claro: es anacrónico y así lo pregonan sus medios de comunicación, su industria editorial y su poder académico. Lógico porque la revolución amenaza sus privilegios. Pero la clase trabajadora, cuyas condiciones de vida se deterioran cada vez más, ¿deberían renunciar a conocer la experiencia revolucionaria y sus enseñanzas?. En el libro "Capitalismo y economía mundial", también publicado por el IME, el profesor Arrizabalo Montoro, basándose en el método marxista, explica rigurosamente por qué en el capitalismo no hay salida para los problemas sociales. No se debe a razones morales ni a una mala política económica, sino a las leyes que rigen el modo de producción capitalista, cuyas contradicciones no dejan de agudizarse. La supervivencia del capitalismo exige así una explotación cada vez mayor, que supone un retroceso para la mayoría de la población, que es la clase trabajadora. Por eso la Revolución rusa constituye el acontecimiento más importante para ella, la clase trabajadora, ya que abre la posibilidad de dejar atrás esos problemas a los que el capitalismo conduce inevitablemente. En Rusia, inmediatamente después del triunfo de la insurrección en 1917 se resuelven o comienzan a resolverse, con los decretos sobre la paz, la expropiación del latifundio, el control obrero de la producción, la anulación de la deuda, la nacionalización de la banca, la autodeterminación de los pueblos, la separación entre iglesias y Estado, la igualación legal de la mujer y un largo etcétera. La trayectoria de la Revolución no fue idílica, ni podría haberlo sido dadas las enormes dificultades que se enfrentaban. De hecho, la conjunción de una serie de circunstancias provocará una degeneración burocrática desde finales de los años veinte que acabará conduciendo a la restauración capitalista desde los ochenta, con su corolario de destrucción económica y regresión social. ¿Se puede decir entonces que la revolución fracasó?. Mucho antes que Trotsky y Lenin, ya Marx y Engels hablaron de la revolución permanente, para conseguir que la experiencia revolucionaria no puede acotarse ni en el tiempo ni en el espacio, como revela el formidable legado que deja la soviética: sólo la organización política de la clase trabajadora, independiente de todo compromiso con las instituciones del capital, permite abrir una verdadera salida. Aunque sólo fuera por la experiencia de los sóviets, órganos de poder verdaderamente democráticos, o del papel de un partido obrero independiente como el bolchevique, ya habría mucho que aprender de la Revolución rusa. Con este libro invitamos a una discusión rigurosa sobre este legado. El grueso texto se concentra en una amplia recopilación de textos de los propios protagonistas de la revolución, antecedida de una panorámica de todo el proceso, en torno a las preguntas acerca de por qué tiunfa la revolución, qué logros supone, a qué dificultades se enfrenta y por qué degenera el Estado obrero al que da lugar. El libro concluye con un epílogo en el que se plantean una serie de enseñanzas de la Revolución rusa, plenamente vigentes. Para abroidar todo esto se parte del método marxista, culminación de la mejor tradición del análisi social, cuya intencionalidad inequívoca es el tránsito socialista hacia una sociedad comunista que supere definitivamente el capitalismo, lo que cada vez se revela más no como deseo, sino comp necesidad.

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